lunes, 27 de abril de 2009

CAPITULO 16: Escapar

Morpheus abrió la puerta de la habitación cuidadosamente y mirando hacia los lados entró en ella. Todo estaba limpio y ordenado sin embargo no había nadie. No se explicó porqué pero no se dio cuenta de que Cloe le estaba esperando a sus espaldas:
-Hola Morpheus.-El joven se giró.
-Hola.-Cloe le ofreció asiento en uno de los dos sillones verdes de terciopelo que rodeaban una mesita estilizada donde permanecían dos tacitas de adornos franceses. Morpheus se sentó no sin antes observar todos los movimientos de la joven. Cloe sacó una tetera y se sentó en el otro sillón.
-¿Té?-Morpheus negó con la cabeza.-Pues yo sí.-Mientras llenaba la tacita comenzó a hablar.- ¿Has venido a verme o simplemente a sentarte?
-En cierto modo… a verte.-La joven le miró y se quitó la capa negra dejando al descubierto un vestidito blanco repleto de detalles dorados. En el cuello colgaba un colgante sin embargo, la joya que sin duda portaba el colgante se escondía tras el escote “palabra de honor” que provocaba el vestido. Morpheus enarcó una ceja mientras contemplaba el colgante esperando un solo vistazo para comprobar que era una inmortal y así poder atacarla. La joven se recostó en el sillón mientras su mirada seductora de ojos verdes le observaba.- ¿Me enseña el colgante, si es tan amable?-La joven se puso tensa
-Ven a buscarlo.-La joven sonrió mientras jugueteaba con la cadena de oro. Se levantó y se dirigió al tocador, dándole la espalda al joven que la imitaba. La mano de Morpheus rodeó el cuello suave de Cloe mientras ésta se giraba para rodear el cuello de Morpheus con sus brazos menudos. El joven acercó su rostro al de la muchacha al intentar coger el colgante de su exuberante escote. Se besaron. Morpheus consiguió ver al menos una pequeña inscripción “Nos los inmortales” El joven bajó su rostro hasta el cuello de la joven mientras sus labios lo rozaban. Cloe chilló de dolor al sentir como dos afilados colmillos atravesaron su piel de terciopelo. Ella se apartó mientras sus ojos cambiaban a un color blanco y sus colmillos crecían. Morpheus se iba a enfrentar a un verdadero inmortal.

Por fin llegaron al puerto del estrecho y comenzaron a desembarcar. Aunque aún el sol no se había despertado, las luces de la ciudad alumbraban cualquier zona oscura, excepto al barco.
-Léstor, ya los tengo.-Susurró La Dama mientras sostenía unos mapas marinos. El joven le sonrió.
-¿Qué ocurre?-Preguntó Léstor al ver a la joven inquieta.
-Léstor, necesito… comer.-El muchacho miró a los lados y sonrió:
-Bueno, supongo que no notarán la ausencia de un marinero.-La Dama le sonrió mientras se iba del barco.-Yo a lo mío.-Murmuró para sí. Léstor se marchó hasta la cubierta. A los lados de ésta había numerosas barquitas, sin embargo hubo una que le llamó la atención pues era una lancha motora. Sacó un cuchillo cogido preferentemente de la cocina y cortó las cuerdas que la sujetaba al barco. La lancha chocó contra el agua lo que produjo una marea violenta que movió el barco. Léstor cogió la comida, los planos marinos y el cuchillo y los colocó cuidadosamente en la lancha.
-Estoy preparada.
-¿Ya, tan rápido?-Preguntó Léstor sorprendido. La Dama sonrió.
-Son fáciles estos marineros, sobre todo cuando se les pone una mujer por delante…-Léstor arrugó el ceño mientras la joven subía a la lancha.

-¿Qué me has hecho?-Preguntó alterada la vampira.
-Morderte.-Cloe se abalanzó sobre Morpheus rápidamente mientras éste la esquivaba. Era una disputa entre rápidos pues cada movimiento era ligero y ágil. Se enzarzaron en una pelea totalmente violenta donde se empujaban contra muebles, destrozaban cristales y sobretodo… corría la sangre. Los colmillos de los dos vampiros rozaban la carne viva de su oponente sin piedad, ciegos de lo que se ponía por delante. Morpheus no tardó en tumbarla en el suelo para terminar con ella. El joven tras varios intentos de la vampira comenzó a morderle el cuello aunque ella intentaba golpearle con cualquier cosa para liberarse del vampiro. Pero paró de golpe cuando en su cuerpo no quedaba ni la más mínima gotita de sangre. Morpheus la soltó e incorporándose cogió un mantelito situado encima de la mesita francesa y comenzó a limpiarse las manchas de sangre.
-Tarda demasiado.-Susurró Zafrina. Iria no desvió su mirada de la ventanilla de los asientos traseros del coche.
-¿Crees qué es fácil matar a un inmortal? Aún queda para…-Morpheus cortó a Iria al subir al asiento del conductor del coche. La joven se sobresaltó.
-En marcha.-Morpheus puso en marcha el motor mientras Zafrina alargaba el brazo para tocar la mano del vampiro. El joven miró a la muchacha y le sonrió.
-Tienes sangre en la mejilla.-Morpheus soltó la mano de Zafrina y comenzó a frotarse el pómulo mientras la joven reía.
-¿Ya?-Zafrina se acercó a Morpheus y lo besó en la mejilla. Iria los contemplaba.
-Zafrina, ¿podrás decirme que clase de animal, persona o cosa eres?-Preguntó la vampira. Zafrina asintió:
-No merece la pena dar rodeos así que… soy un lobo.
-No sé porque no me impresiona. Una última pregunta, ¿cómo llegó un lobo a los brazos de un vampiro?-Los dos jóvenes se miraron.
-Es una larga historia pero mientras conduzco será un método de entretenimiento.-Dijo Morpheus mientras pisó el acelerador.

-¿Seguro qué sabes ir hasta Venecia?
-Mi padre me enseñó a utilizar los mapas marinos… son fáciles.-La Dama miró el mapa que Léstor sostenía.-Confía en mí ya no hay vuelta atrás, ¿no ves qué estamos en medio del mar.-La Dama tragó saliva mientras miraba a su alrededor: solo había agua.
-Bien, ¿y cómo sabes por dónde es si estamos rodeados de agua?-Léstor le sonrió.
-Tú confía en mí.
A medida que la lancha avanzaba, una espesa niebla los cegaba. Tras varias horas sin hablar y rodeados de agua, Léstor tragó saliva y La Dama lo notó.
-¿Qué ocurre?-Léstor la miró.
-Nada… solo que aquí debería de haber una plataforma.-La Dama comenzó a respirar acelerada.
-¿Sabes qué los vampiros cabreados no son amistosos? Yo me convertiré en uno si no me sacas de aquí. Odio el agua y no creo que pueda soportar tanto. No podríamos haber esperado unas horas antes de partir…-Léstor interrumpió a la joven. Un chillido lejano llegó al oído de los dos muchachos.
-¿Lo oyes?- La Dama asintió.
-Ese chillido me suena y a ti también.
-Lana Raven.

jueves, 9 de abril de 2009

CAPITULO 15: La Rosa Negra

-Léstor, estamos llegando al estrecho pero me temo que mis pasajeros quieren desembarcar y eso requiere tiempo.-Añadió el capitán mientras se encendía un cigarrillo.
-¿Cuánto más o menos?-Léstor miró de reojo a La Dama que estaba apoyada en la cristalera de la cabina.
-No lo sé, depende… quizás unas dos horas o así…
-¿Tanto?
-Desde luego a parte de los pasajeros, mis hombres deben descansar por su salud y la mía.
-Ya…
-Mi capitán, ya es hora de cenar… ¿viene?-Interrumpió un joven marinero. La Dama se giró y le sonrió mientras éste la miraba de arriba abajo.
-Naturalmente. Léstor, Angélica, discúlpenme tengo que llenarme el estómago.
-Creo que nosotros nos quedaremos por aquí.-El capitán asintió. Cuando se fue, Léstor se acercó a la joven vampira.-Angélica, ¿porqué no tomamos un poco el aire?-El joven rodeó con sus brazos la cadera de la vampira mientras ésta seguía de espaldas a él.
-Léstor, ¿dónde estarán Zafrina y Morpheus? Estoy intranquila.
-No tengo ni idea, pero si hay algún lugar donde irían, sería Venecia.
-¿Cómo estás tan seguro?-El joven titubeó u sonriendo respondió.
-Porque saben que nosotros vamos para allá.

-Lo sabía, sabía que estabas… más o menos viva.-Sonrió Morpheus.
-Mi señora, requiero su permiso para retirarme.-Susurró Cloe.
-Que así sea querida.-Iria esperó hasta que la muchacha se marchara.-Ayúdenme.-Zafrina y Morpheus se sobresaltaron.
-¿Qué ocurre?-Le preguntó la joven de ojos miel.
-Me da la impresión de que me vigila…
-¿Quién?
-Cloe… y pienso que detrás de ella está Balo Fer.
-¿Una inmortal?-Morpheus murmuró cuidadosamente.
-Si mis sospechas son ciertas me temo que estamos ante una vampira inmortal. Necesito deshacerme de ella como sea.-Morpheus se recostó en la silla y cerró los ojos. Zafrina miró al joven y al cabo de unos segundos se dirigió a Iria confusa:
-Lady Iria, ¿me podría contar que es eso del Áfrodes?-Iria se sobresaltó.
-Cuéntame lo que sepas.
-Bueno… La Dama me explicó que el anillo que tiene ella se llama Áfrodes y que contiene la última gotita de tu sangre por eso Balo Fer lo tenía, porque te amaba.-Iria se acomodó en la silla y suspiró:
-Bueno, no está mal. Yo te lo contaré con detalles.
“Corría el año 1817. Yo sólo tenía 18 años y ya estaba en mi total esplendor pues tenía millones de pretendientes pero ninguno era lo que yo quería para mí. Mi padre era varón e iba de fiesta en fiesta y mi madre y yo, naturalmente, le seguíamos. Éramos extremadamente ricos pero mi padre, tal humano, quería más y lo lograría con solo ir a una fiesta en Transilvania, y poner buena cara a la gente. Yo no quería ir pues había oído historias donde se decía que en el castillo de Transilvania habitaba un ser oscuro y diabólico… Drácula. Pero cuando llegué todo era maravilloso. Sin rastro de Drácula y de las leyendas me dedicaba a observar a mí alrededor: casi todos los presentes eran jóvenes prácticamente de la misma edad que yo. Cada uno de ellos me miraban de una forma diferente pero todos eran igual de hermosos… sin embargo fue únicamente uno quién me llamó la atención. Sus ojos eran marrones aunque la luz de las luces los aclaraba de tal forma que el rojo se apoderaba de ellos. Su cabello castaño estaba totalmente engominado y su piel pálida… muy pálida. Recuerdo que se acercó a mí lentamente mientras me sonreía. Pasamos toda la velada hablando y no nos separamos en toda la noche. Cuando nos disponíamos a abandonar ese lugar sentí como una parte de mi corazón se quedaba en aquella mansión, en Transilvania. Pero aquel joven me seguía mirando con aquella mirada en una esquina del edificio, y cuál fue mi sorpresa que, cuando me di cuenta, estaba andando hacia él. Me ofreció fugarme con él y dejar a mi familia para estar con él… sus ojos me embrujaban por lo que acepté su propuesta. Así que me cogió de la muñeca dulcemente y me llevó muy lejos de todos y de todo. Nos ocultamos debajo de un arbusto mientras esperábamos a que se cansaran de buscar. Esa noche, la luna era nuestra cómplice. Nos besamos… estaba totalmente prendida de aquel extraño joven que ni siquiera me dijo su nombre, pero nunca me imaginé que debajo de ese rostro angelical y hermoso se encontraba uno de los seres más horribles, un demonio. Naturalmente sentí sus colmillos aparecer y sus ojos cambiar al rojo vivo… me asusté, temblaba, pero él me abrazó tiernamente y me lo explicó todo… todo. El sacó de su bolsillo una flor pero no una cualquiera pues era negra, absolutamente negra. Me la ofreció mientras la enredaba en mi cabello. Sus espinas se clavaban en mi piel pero, aunque parezca extraño, no le di ni la más mínima importancia. Para nuestra desgracia, los hermanos y familiares del muchacho nos descubrieron. Fue horrible, él no era el único vampiro sino uno de ellos. Nos separaron y lo único que recuerdo fue el contacto de nuestras manos mientras miles de colmillos me acechaban…”
Zafrina no dijo nada, simplemente bajó la cabeza.
-¿Habéis terminado de parlotear?-Cortó Morpheus. Iria asintió un tanto afectada por el recuerdo de lo que fue su único amor.-Bien, tengo una idea, ¿tienes coche o algo parecido?
-Sí uno antiguo, muy antiguo.
-Estupendo. Yo me ocuparé de Cloe mientras vosotras me esperáis en el coche.

La Dama y Léstor se sentaron en la superficie del barco mientras el viento hacía revolotear el cabello de la joven vampira. Angélica apoyó su rostro en el hombro de Léstor.
-Es raro que un hombre lobo y una vampira estén juntos.
-Yo diría improbable.-Bufó Léstor.-Quizás nosotros seamos la excepción.
-Si… siempre hay excepciones.-Léstor la rodeó con su brazo mientras se acercaban cada vez más.-Léstor, he estado pensando y… bueno aunque parezca raro tú podrías ser el familiar que Zafrina busca.
-También lo he pensado pero… es raro porque yo nunca he oído hablar de Zafrina y menos de una hermana, quizás seamos de camadas distintas… la verdad es que sería maravillosos pues podría compartir con ella recuerdos de nuestros padres… si es que lo son.-La Dama cerró los ojos suspirando.
-¿Cuándo te convertirás en lobo?-Léstor esperó.
-Cuando salga la luna llena me temo. Tranquila tengo una poción que me protege de la luz de la luna si es que es eso lo que te preocupa e inquieta, así que espero que nunca me veas convertido en un lobo.
-Léstor… no es eso lo que me preocupa es solo que… parecerá absurdo pero al convertirte en lobo podrías nadar… hasta Venecia.-Léstor abrió los ojos mientras su sonrisa se marcó en su rostro.
-Sé nadar pero no durante tanto tiempo, acabaría destrozado y ahogado en el mar.-La Dama rió. Las olas se volvieron un poco más violentas y un ruido provocó la atención máxima de los jóvenes. Léstor se asomó al mar y se calmó al descubrir que una barquita chocaba con las paredes metálicas del barco. La Dama se acercó al muchacho que miraba embobado al barquito.
-Las aguas se han vuelto bravas pero apuesto a que esa barca aguantaría lo que fuera.-Léstor miró a Angélica y sonrió.
-Tengo una idea.

sábado, 21 de marzo de 2009

CAPITULO 14 :Invitados encarcelados

-¿Zafrina?-Los oídos de la joven al fin captaron el sonido de la voz de Morpheus, aunque aún disperso. Zafrina no lo hizo esperar más y abrió sus ojos. Su piel contactó con algo realmente cómodo y calentito.-Tranquila, estás a salvo.-La voz del joven le calmó. ¿Verdaderamente estaban a salvo? Observó la mano rígida de Morpheus como se enredaba en su mano mientras le dedicaba una profunda sonrisa.- Zafrina, ésta es Cloe.-Detrás del joven se perfilaba un cuerpo curvilíneo cubierto por una capa negra que dejaba entrever sus ojos verdes y un tímido mechón rubio.
-Por fin despertaste querida.-Zafrina se incorporó mientras Cloe se sentaba a un lado de la cama.-Según me ha contado tu amigo erais cuatro antes de que os encontráramos ¿no es así?
-¿Encontrarnos? Pero…
-En efecto, ellos nos rescataron de aquellas sombras.-La voz de Morpheus expresaba ira.-Nos acogieron como invitados.
-Espera… ¿la cárcel en donde estábamos era vuestra?-Cloe asintió.-No lo entiendo, ¿así es como tratáis los vampiros a los invitados?
-¡Zafrina!
-Morpheus vamos, nos salvó de no sé dónde y nos encarcelaron como a unos delincuentes, en mi idioma significa secuestro.
-Detesto tener que contrariarte, creíamos que erais de “los inmortales”
-Pero si precisamente nos salvasteis de ellos, ¿no?
-Zafrina, no lo sabemos, nos encontraron en el mar, en pleno océano… al menos deberías de dar las gracias, ¿no crees?-Dijo Morpheus mientras Cloe se levantó y caminó hacia la puerta.
-No importa, es normal.-La muchacha se fue. Llegó una pausa bastante incómoda entre los dos jóvenes, hasta que Morpheus preguntó:
-Zafrina, ¿Qué te ha pasado?-La joven suspiró.
-Nada… simplemente me parece raro que nos metan en una cárcel como invitados, como vulgares ladrones.
-Zafrina… lo importante es que estamos a salvo.-El vampiro le tendió la mano mientras Zafrina se incorporaba lentamente. Le agarró con fuerza y se levantó de la cama pausadamente. Morpheus le soltó la mano y la contempló: su cabello largo y castaño se deslizó por la suave superficie de la cama y su vestido blanco y sencillo estilizaba su cadera al levantarse. La luz de la luna que entraba por la ventana se reflejaba por los pequeños poritos de su vestido lo que hacía que su figura se realzara y pareciera…
-Hermosa, sencillamente hermosa.-Morpheus se acercó con sus ojos verdes clavados en los de la muchacha. Su brazo rodeó la cadera de Zafrina mientras esta se vio atraída por sus ojos y sus brazos caían rendidos al contacto con la piel fría y suave de Morpheus.

Mientras acariciaba la rosa, miraba a su alrededor expectante: Cinco mesas se disponían en el gran comedor. Ninguna quedaba libre de los numerosos marineros y pasajeros de baja estima que comían y reían a su antojo. De fondo, susurraba una radio olvidada en algún lugar de la estancia. El contacto de los platos y el griterío de la gente provocaban un molesto dolor de cabeza.
-¿Es usted Léstor Seth?-El joven se giró y asintió confuso.-El capitán quiere verle.-El muchacho siguió sin preguntar al marinero hasta una puerta de metal repleta de oxidaciones.
Léstor la abrió. La Dama y el capitán lo miraron.
-¿Qué ocurre?
-Léstor, escucha esto.-El volumen de la pequeña radio subió y una voz entrecortada informaba de algo horrible:
-“¿Qué está ocurriendo? Nadie lo sabe o incluso lo siente, ya han pasado tres días desde que el sol no aparece por el horizonte y empezamos a temer lo peor. La noche invade las calles de la ciudad de Londres y el resto de Europa. Quizás, si esto no se arregla, Londres no volverá a ser como antes. La gente ha empezado a reservar vuelos predestinados a cualquier continente donde el sol no sea tan perezoso. Los científicos no se explican lo que ocurre pero se acogen a la idea del llamado cambio climático…”-El volumen de la radio volvió a bajar. Léstor agachó la cabeza.
-La gente ya duda y se teme lo peor, en mi opinión va siendo hora de que le entreguéis el Áfrodes.
-¿Cómo sabe usted eso?-La Dama se tapó el anillo que portaba su mano izquierda.
-No os dejéis abrumar con mi aspecto de capitán borracho, yo fui un cazavampiro.-Léstor se acercó a La Dama mientras miraba al capitán.-Me llamo Bernam. Me alegra pensar que en mi barco viajan dos cazavampiros…
-¿Cómo lo supo?
-¿Saber el qué?
-Lo de cazavampiro.
-¿Creéis que al romper una ventana y oír una risita de muy mal gusto nadie se daría cuenta? A mí también me volvió loco tal risa. Por cierto, ¿no eráis cuatro?
-Parece ser que su memoria a veces le falle, usted fue quien me salvó del mar hace poco y con tanta deducción me parece realmente raro que no averiguara lo ocurrido.-Hubo una pausa.
-Su cursi habladuría me aborrece.-Señaló el capitán al joven Léstor. Éste rió.
-Morpheus y Zafrina se llaman y me temo que no sabemos nada desde ese día.-Contestó tensa La Dama.
-Cuanto lo siento.
-Por cierto capitán.-Los dedos de Léstor recorrieron el timón cuidadosamente.- ¿Falta mucho para llegar a Venecia?
-Bueno… estamos cruzando el Cabo Finisterre y creo que en la madrugada de mañana cruzaremos el Estrecho de Gibraltar…
-¿Ya, tan rápido?
-No menosprecie a esta preciosidad.-Bufaba el capitán mientras golpeaba la pared de metal.
-¿No puede ir más rápido?-Interrumpió La Dama.
-¿Más? Es imposible.-El capitán rió al escuchar tal impresionismo de Léstor.
-Claro.
-Morpheus y Zafrina señora.-La voz apagada de Cloe hacía eco con las enormes y largas paredes de piedra que se levantaban alrededor de un gran círculo donde, en el centro, se disponía una mesa larga y solitaria, únicamente en compañía de sillas y una capa negra que si no fuera por el labio que se esbozaba, parecería como una simple sombra. Morpheus miró hacia arriba expectante mientras andaba lentamente hacia aquella “sombra” aparentemente humana. En lugar de un techo grande, escultural y pintoresco, una cúpula inmensamente larga, los cubría a todos.
-Saludos a los dos.-La sombra hizo una reverencia elegante, y Zafrina, por no ser menos la imitó.-Según me han informado vos es un vampiro y ella… un dudoso ser.-La voz aterciopelada y magistral, provocaba temblores que únicamente sentían los dos jóvenes.
-¿Un humano es un dudoso ser?
-Me temo que no, pero apuesto que no lo eres.
-¿Y si lo soy?
-En tal caso, no tendré más remedio que matarla pues, sabes demasiado.-Zafrina tragó saliva.-Pero tranquila, sé que no lo eres pero mi cuerpo no le gusta su presencia…
-Perdone, necesitamos volver al barco en el que viajábamos.-Interrumpió Morpheus.
-¿Y puedo preguntar a donde os dirigíais dos vampiros, un cazavampiro y un… digamos, no humano?-La sonrisa de Zafrina se pronunció en su rostro.
-Nos dirigíamos a Venecia.
-¿A Venecia, me permite preguntarle de nuevo por qué?-Morpheus miró a Zafrina y esta asintió.
- Buscamos a Lady Iria.-La sombra no dijo nada durante unos minutos.-La otra vampira, La Dama, porta el anillo Áfrodes de Lady Iria y si conseguimos la gotita de sangre que contiene tome contacto con la piel muerta de ella…
-Si ya se la historia, no hace falta que vos me la repita de nuevo.-La sombra pausó de nuevo y Zafrina se puso tensa, obviamente, no tenía ni idea de la historia.-Lamento darles la terrible noticia de que no podréis regresar al barco.
-¿Qué? Por favor, os lo suplico.
-No creo que sea necesario ya que estáis en Venecia.-Los dos jóvenes se miraron.-Y yo soy Lady Iria.

domingo, 1 de marzo de 2009

Capítulo 13: Verdad

-¡Léstor!-La Dama se apartó bruscamente del joven. Podría haber sido imaginación suya pero todo indicaba que no. Delante de ella se exhibía aparentemente el cuerpo de un joven. Sus ojos, ahora rojos como la sangre, contemplaban ambiciosos a los de La Dama mientras se tambaleaba frágilmente. Sus labios agonizantes dejaban entrever unos dientes ligeramente puntiagudos.- ¡¿Léstor que te ocurre?!-El joven cerró los ojos con cautela mientras se estabilizaba de nuevo. Durante unos minutos, la respuesta se quedó en el aire. La Dama intentaba tranquilizarse pero fracasó ya que la postura inmóvil del hasta ahora joven cazavampiro daba sensación sombría, llena de incertidumbre. Por fin los abrió solo que ahora aquellos ojos rojos cargados de odio y de aspecto lúgubre desaparecieron dejando ver un iris marrón natural, de humano. Una vez más, insistió:
-Léstor… ¿qué te ha pasado?-El muchacho parecía confundido pero aún así arrugó el entrecejo y contestó:
-Angélica yo… no quiero que te asustes ¿de acuerdo?
-Yo no estoy asustada.-La Dama mentía claramente pues su aterciopelado aunque muerto corazón bombeaba tan deprisa que todas las pequeñas venitas que recorrían su cuerpo le ardían, y eso se notaba.
-Te lo intentaré explicar… bien… gracias a este liquidito azul.-De uno de los bolsillitos del cinturón marrón que siempre llevaba aún mojado, sacó un botecito lleno de un líquido espeso color cobalto.- Puedo mantenerme protegido de… la luna.-En la mente de la joven empezaron a surgir imágenes de cómo Zafrina sucumbía al poder de la luna debido a su naturaleza de lobo sin embargo, Léstor caminaba tranquilamente bajo la luna sin consecuencia ninguna.-Zafrina y yo… no somos tan diferentes… creía que yo era el último de la especie en sobrevivir…
-¡No!-Le cortó la joven nerviosa.- ¡No, no, no, déjate de tonterías Léstor Seth!-El muchacho bajó la cabeza bajo la influencia de una mirada de ojos celestes rota por el dolor.-Tú no puedes ser un…-Susurró mientras una gotita pura recorría impetuosa las mejillas de las joven.

-¿Qué pasará?-Preguntó Zafrina mientras su cabeza reposaba en el hombro del vampiro.
-No lo sé.-La voz de Morpheus se fundía con la oscuridad de la supuesta cárcel. Sus manos estaban entrelazadas muy fuertemente mientras ambos compartían el miedo. El joven apoyó su cabeza en la de Zafrina dulcemente. Ambos cerraron los ojos. La lúgubre estancia era bastante grande, llena de cadenas largas y oxidadas. Aunque todo permanecía en las sombras, la vista nocturna inigualable de los vampiros corría a su favor. Podía distinguir hasta la más mínima piedra por pequeña que fuera. Morpheus abrió los ojos. Durante un largo rato contemplaba la puerta metalizada que se situaba no muy lejos. Fuertes cadenas en forma de cruz arropaban al portón, defendiéndole como sea.
-Morpheus…
-¿Si?
-Me duele…-El joven la enderezó dulcemente mientras la muchacha parpadeaba.-…mucho.-En esos instantes parecía una niña pequeña pero Morpheus empezaba a creer que no era un simple dolor.
-¿Dónde?-Zafrina señaló con sus dedos temblorosos el pecho donde latía fuertemente su corazón. La joven empezó a jadear.
-Mor…Morpheus… ayúdame.- El joven rápidamente comprimió el pecho de la joven mientras ésta empezó a sangrar por la boca. Todo fue rápido. Morpheus no sabía cómo actuar. Apoyó suavemente en cuerpo de Zafrina en el sucio y frío suelo mientras el joven corría hacia la puerta. “No…no” el muchacho se percató de algo muy desagradable: el olor de la sangre de Zafrina. Se tapó la nariz y golpeó la puerta con todas sus fuerzas. Oía jadear a la joven Zafrina. ¿Qué le ocurría? Pronto el olor de la sangre fue tan fuerte que Morpheus iba a volverse loco: sus ojos comenzaron a cambiar de color y sus colmillos sentían la necesidad de salir. El joven se hubiera abalanzado sobre la muchacha si no fuera porque la puerta se abrió de golpe.

La joven vampira se clamó. Estaba sentada en el filo de la cama con las manos soportando el peso de su rostro. Léstor permanecía apoyado en la pared cerca de la joven con la mirada triste.
-Me voy a dar una ducha.-La Dama se levantó fingiendo no llorar.
-Creía que los vampiros no necesitabais…
-Y yo…
El agua de la ducha sonó mientras el joven se sentaba donde antes reposaba La Dama. El sonido era una tortura. Parecía como si ella se estuviera alejando de él… y no sabía porque. Se levantó bruscamente y se apoyó en la puerta del cuarto de baño. Rodeó con sus dedos el picaporte dispuesto a girarlo. Su frente chocó suavemente con la puerta de madera vieja que lo separaba de su chica. Giró lentamente el picaporte y empujó la puerta. Cuál fue su sorpresa al ver a la joven vampira vestida delante de él con el agua de la ducha encendida sin nadie debajo de ella. La joven se abalanzó sobre él rápidamente fundiéndose en un beso tierno. Tal fue la sorpresa de Léstor que no le dio tiempo ni a respirar. El joven se aferró a ella dulcemente mientras se apartaban. Ambos se miraron.
-Me da igual lo que seas… Te amo.-El joven sonrió como un niño y la abrazó fuertemente mientras la besaba en sus cabellos rizados y oscuros.
Eran las once de la mañana y ya hacía un día que Morpheus y Zafrina desaparecieron. Todavía estaba el cielo oscuro. Ni un solo rayo de sol, ni un solo pájaro cantar. Precisamente éstos no despertarán hasta que la esfera de fuego se asome por el horizonte pero… empezaban a pensar que el sol ya no quería salir al amanecer. Ya con su ropa seca, Léstor se dirigió al comedor donde toda la tripulación comía. Metió sus manos en los bolsillos de la chaqueta marrón debido al frío. Sus dedos acariciaron algo así como un papel aterciopelado, suave… De su bolsillos se asomó una rosa de pétalos negros tales como el carbón pero sedosos como el terciopelo. El mismo día que se instalaron en la casa de los dos vampiros, la encontró, tan pequeña en medio de tan esbeltas y altas rosas de colores alegres… tan fría entre flores apacibles y fresquitas… tan diferente…

martes, 24 de febrero de 2009

Cap.12- Empieza El Juego

-¡Léstor!-La Dama estaba desesperada, no encontraba a nadie. Ni a Morpheus, ni a Zafrina… ni siquiera a Léstor. Suspiró. Se apoyó en la barandilla del barco donde momentos antes estaba Zafrina contemplando el mar. Una lágrima recorrió su rostro al pensar en su pasado “El no lo haría…” Se mordió el labio mientras unas imágenes dolorosas para ella se recrearon en su mente. El sentimiento de traición invadió su cuerpo haciéndole estremecer. “…él no lo haría… el no…” No la traicionaría. Empezó a notar un frío helado en su corazón… Zafrina era hermosa y quizás su elección haya sido ella. Se deslizó lentamente por la barandilla hasta llegar al suelo cubriendo su rostro de porcelana entre sus rodillas desnudas. Las olas empezaron a moverse con más fuerza y un chapoteo retumbó en los oídos de la joven. La Dama se incorporó velozmente y se asomó de nuevo a la cubierta. El mar se movía violentamente. Las pequeñas olas que formaba el agua al chocar contra el barco pararon en seco. Los ojos de La Dama se fijaron en un punto del agua ahora clamada. De entre ellas emergió un joven de castaños cabellos y ojos marrones intensos. Respiró intensamente mientras observaba a la joven vampira.
-¡Léstor!- Miró a su alrededor desesperada intentando encontrar algo con lo que salvar de las frías aguas al joven.
-¿Qué ocurre?- Un hombre grande y viejo interrumpió de golpe la búsqueda.
-Capitán… hay un hombre en el agua.- Los ojos del viejo se abrieron y, corriendo a la cabina, hizo un gesto de espera. Llegó con unas cuantas cuerdas y las tiró al agua. Los instantes siguientes fueron fatídicos. Léstor estaba tan débil que no cogía bien la cuerda. El corazón de La Dama latía tan vilmente que en cualquier momento podría explotar. Léstor contempló los ojos celestes de La Dama. Observaba como su rostro era más amargo que el de la otra vez. “Angélica… por ti…” Léstor agarró con fuerza la cuerda mientras sentía como se elevaba hacia el barco. Cuando se recostó en la cubierta del yate, inspiró con fuerza mientras unos brazos blancos y delicados le abrazaban con dulzura.
-Léstor…
-Pequeña vampira…-La Dama tembló. El capitán se alejó lentamente silbaba alegremente.
-Léstor por lo que más quieras, no vuelvas a desaparecer… ¿qué ha ocurrido esta vez?- La Dama esperó un largo tiempo a que el joven recobrara la respiración.
-¿Por qué siempre me tienes que salvar tu?- La joven sonrió mientras se liberaba de los brazos del joven.
-Quizás porque eres muy problemático.-Léstor le devolvió la sonrisa.
-Supongo… pero esta vez recuerdo lo que ocurrió.
-Cuéntamelo.-Léstor le sonrió.
-Primero me cambiaré.

“No quiero abrir los ojos… no quiero. Si los abro volveré a ver esos puntiagudos y afilados colmillos, no los quiero abrir, así no veré nada. Debería estar muerta pero… siento aún mi corazón latir… lo único que quiero y deseo es estar con Morpheus… ¿Morpheus? Si, lo siento aquí en alguna parte… quizás lo correcto sea abrir los ojos para saber si está pero, ¿qué pasaría si no estaba… qué ocurriría si una vez que abriera los ojos no los podría cerrar jamás? Si fuera así, tarde o temprano moriría de dolor.”Zafrina abrió lentamente sus ojos ahora nítidos. Todo estaba oscuro. Dirigió sus manos hacia su rostro pero, algo chirrió… sentía como sus muñecas le pesaban, le apretaban, casi podía sentir como dentro de poco sus manos explotarían debido a la presión… cadenas.
-¿Zafrina?-Una voz celestial le envolvió su cuerpo.-¿Zafrina, eres tú?
-¿Morpheus?-El muchacho suspiró.
-Sí.
-¿Cómo sabías que era yo?
-¿Acaso no eres Zafrina?
-Claro que lo soy…
-Tu olor a perro llega hasta aquí.-Aún seguía igual, al fin y al cabo, Zafrina agradecía haber abierto los ojos.
-¿Dónde estamos?
-No lo sé… pero empiezo a sospechar de que esto tiene algo que ver con vampiros.
-¡Oh dios mío!
-¿Qué?
-¿Y si descubren que soy un lobo?
-No lo descubrirán…-El joven se pausó.-…sus mentes no piensan que lo eres…-Zafrina sonrió mientras relajaba su cabeza apoyándose en la pared. Una sombra se perfiló en la oscuridad. Morpheus se sentó al lado de ella mientras su mirada se encontraba lejos de allí. Pasó un buen rato mientras sus pieles se rozaban y exaltaban.
-¿Zafrina?
-¿Si?-El joven suspiró, tomó aire y murmuró:
-Te quiero.- Sus manos se encontraron entrelazándose mientras ambos temblaban, atentos a lo que podía pasarles.

Léstor observaba silenciosamente a La Dama, mientras metía sus ropas en una cestita de paja. Llevaba puesto unos pantalones negros no muy ceñidos al cuerpo, aparentemente cómodas. Su torso ahora estaba desnudo dejando ver el duro entrenamiento de un cazavampiro como él. Quizás por eso La Dama no le miraba, sino permanecía con la cabeza gacha y sonrojada.
-¿Y bien?
-Bueno… seré breve: Morpheus y yo estábamos en la misma habitación cuando el mismo tío que hace unos días me atacó apareció delante de nosotros con una de esas carcajadas típicas de él. Morpheus se abalanzó sobre él pero no logré ver nada más pues, la habitación quedó en penumbras. Después una fuerza extremadamente fuerte me empujó y la verdad, no tengo ni idea de cómo llegué al mar. Eso es todo.
-Pero… dijiste que te acordabas.
-Y me acuerdo.-La Dama suspiró.
-Pequeña…-Léstor levantó el suave rostro de la joven. Su mano libre se deslizaba dulcemente por los brazos finos y delicados de la joven mientras, ésta se relajaba.- Pequeña Dama…- La joven cerró los ojos. El cuerpo de Léstor se acercó al de ella muy lentamente.-Angélica…- La joven abrió los ojos de golpe. Léstor se quedó paralizado al encontrarse de nuevo con aquellos ojos celestes que le habían obsesionado y embrujado. Pero el volvió a susurrar.-Angélica…- Una lágrima solitaria recorrió la mejilla de la joven.-Angélica.-Insistió. Ésta vez el joven murmuró tan suavemente que solo los oídos aterciopelados de la vampira lo escucharon.- ¿Eres mía?...
-Soy tuya.- No dudó ni un segundo en contestarle. La joven volvió a cerrar sus ojos mientras Léstor le acariciaba el rostro. La Dama le acarició el torso desnudo del joven hasta que los latidos de su corazón retumbaron fuertemente en las delicadas manos de la joven.-¿Qué es lo que sientes?
-Pues siento… como aquella llama de pasión que se apagó vuelve a resurgir siento como… como las últimas y únicas palabras que podría decir en estos momentos me llenan el corazón de esperanza que un día perdí… como esas palabras solo son meras palabras… como Te amo.-La joven se estremeció mientras sus manos quedaban entre él y ella. Léstor cerró los ojos cuando abrió sus labios. La pasión recorrió velozmente las venas de los jóvenes provocándoles una sensación de ardor en sus pieles. Todos sus cuerpos se estremecieron al rozarse los labios. Siguieron besándose a pesar de lo que supondría eso… y Léstor lo sabía. Pero ahora todo era perfecto, sus labios estaban juntos saboreando el momento, cada segundo, cada latido… Pero Léstor debía parar. Desgraciadamente la pasión ganó a la conciencia y el joven empujó a La Dama hacia la pared mientras ella enredaba sus dedos en los cabellos castaños del muchacho. Tenía que parar. Los besos se volvieron una obsesión para ambos, una droga. Las manos del joven se deslizaron por la cintura curvilínea de la vampira. Si Léstor no paraba, todo acabaría para los dos. Pero La Dama se aferró más a él inconsciente de lo peligroso que era en realidad seguir. De repente, la joven abrió bruscamente sus ojos mientras sentía como los dientes de Léstor se estiraban y agudizaban fervientemente.

Sus párpados se abrieron dejando ver unos oscuros y tenebrosos ojos celestes que reflejaban muerte. Su mano se aferró al colgante de oro redondo donde se adhería un símbolo con forma de espiral y una “I” gravaba encima. En su dedo anular, se diferenciaba un tono de piel más pálido del que ya poseía, como una marca de algo que llevaba puesto durante mucho tiempo pero se lo quitó… o se lo quitaron. Una sonrisa se esbozó en su rostro mientras pronunciaba tres simples palabras:
-Empieza el juego.