sábado, 23 de mayo de 2009

CAPITULO 19: Sueño

“Oscuridad. Eso es lo que veo, puedo sentirlo. ¿Qué es esa extraña sensación de calidez? Una bella melodía llega a mis oídos, me siento… bien. Poco a poco se acerca alguien. Lo veo aún más claro: una mujer está sentada al lado de una cunita que se balancea. La mujer le canta una nana al bebé que duerme apaciblemente en la cuna. La joven me resulta familiar, quizás su cabello largo y castaño y piel morena me suene… ¿Zafrina? No, imposible.
-Pronto estaremos juntas.
Comenzó a hablarle al bebé con un hilito de voz maternal y cariñoso, parece que se separan pero, ¿porqué?
-Tú no estás sola.
El rostro de la muchacha se giró hacia mí lentamente mientras seguía cantándole la nana. Esos ojos marrones, su rostro cansado y su marca en la oreja… mamá.”
Los ojos de Léstor se abrieron.
-Léstor despierta dormilón.-El rostro de Zafrina se fue aclarando poco a poco en los ojos del joven.
-¿Mamá?-La muchacha titubeó.
-No Léstor, soy Zafrina.-Léstor se sonrojó e incorporó rápidamente.
-He tenido un sueño.
-Se sabe.
-¡Hay que despertarse, Lestorín!-Gritó La Dama en tono burlón.
-¿Lestorín, qué es eso?-Le preguntó el joven mientras se levantaba.
-Tu mote cariñoso, ¿no te gusta?-Léstor se encogió de hombros.
-Me es indiferente Angelita.-La joven se cruzó de brazos mientras Léstor esbozaba una enorme sonrisa.
-¿Y Morpheus?-Inquirió Zafrina algo ávida.
-¿Tienes ganas de verle?-Agregó La Dama.-Ahora vendrá con Iria, han ido a cazar. Mientras, os explicaré lo que aremos de forma resumida para que cuando lleguen os lo expliquemos mejor: Iremos a Transilvania, entraremos en el castillo de Balo y, una vez allí, Iria se ocupará de él mientras nosotros nos cargamos a unos cuantos Inmortales.

-Ya han salido mi señor.-Le confirmó Lana.
-Estupendo.-La vampira titubeó mientras contemplaba como el rostro de Balo no cambiaba
-¿Y cuál es mi castigo?
-Hoy estoy muy cansado, te librarás por el momento.-Sin mostrar furor, Lana se inclinó y desapareció de la puerta. Una vez más, reinó el silencio. Balo, sentado en su trono de colores apagados y estilo gótico, cerró los ojos y meditó. Los castigos de los Inmortales solían ser duros y dolorosos, aprovechaban la inmortalidad de los vampiros para castigarlos por medio de la tortura, pero nadie se quejaba. Balo Fer era el vampiro más antiguo de, posiblemente, el continente y eso provocaba una dureza impune para quién le desobedeciera o decepcionara.
-¡Dilan!-Gritó sin esfuerzo. El joven entró por la puerta elegantemente. Estaba claro que a Balo no le gustaba esperar y la velocidad de los vampiros corría en su favor.-Ya que Paul está de caza y Lana ya no me interesa tanto, te dejo al mando. Busca más inmortales, un sustituto de Cloe y… más soldados, por si acaso.
-¿Quién me puede conceder servicios?
-Quién quieras, eso no me importa… Sabes Dilan, últimamente soy fácil de irritar así que más te vale no decepcionarme y no vuelvas hasta conseguirme lo pedido.
-Llamaré a Lana y nos pondremos en marcha.

Dilan subió las escaleras en forma de caracol de la mansión hacia el último piso. Allí, en la habitación más apartada, estaba Lana. Dilan entró en ella sin titubear. La puerta chirriaba sin piedad debido a su edad: podría tener unos… trescientos o cuatrocientos años.
-Lana querida, nos vamos de caza.-La habitación estaba silenciosa, a simple vista, no había nadie en la estancia.- No tenemos todo el día, encanto.
-Ya no se puede ni cambiar tranquila.-Dilan se dio la vuelta y contempló como el cuerpo de la vampira solo estaba cubierto por una fina manta.
-Será mejor que te des prisa o Balo se irritará con nosotros, a menos… que quieras ir así.- La sonrisa del vampiro se alargó.
-Estoy más cómoda con la túnica, ya sabes, la de siempre. Creo que tu también deberías ponértela por si hay algún humano capaz de quedarse con las caras.
-Si me lo pides tú… te espero en el vestíbulo.

-Todos jugamos un papel importante.-Añadió Morpheus tras acordar el acto.
-Estoy algo nerviosa.-Sonrió Zafrina. Léstor la cogió de la mano para tranquilizarla.
-Ha Transilvania pués.-Confirmó Morpheus
-Vale, pero que no sea en barco.-La Dama se inquietó al decirlo.-Odio los barcos.
-Entonces en avión. Creo que vamos a montar en todos los medios de transporte posible.-Bufó Zafrina.
-Pero de nuevo no tenemos dinero. El barco fue gratis pero no creo que el pajarito lo sea.
-Léstor, no seas incrédulo, si hemos entrado en un hotel y no hemos pagado, el avión será igual. Para eso tenemos a Angélica.
-¿Angélica?-Preguntó Zafrina confusa.
-Es mi verdadero y odiado nombre.-Contestó la joven vampira.
-Es precioso, me encanta.
-Todo esto es una locura.-Cortó Iria bastante irritada.-Creéis que los Inmortales no os van a localizar y estáis muy equivocados. Seguramente ahora mismo estén persiguiéndonos y el plan se irá al garete.
-Tienes razón… también necesitaremos ropa nueva y moderna.-Todos miraron a Morpheus atónitos mientras Iria se cruzaba de brazos a la despreocupación de su advertencia.
-A mí no me hace falta, yo ya la tengo. Veo que voy más adelantado que ninguno.
-Puede que los demás lo necesitemos, Léstor.-Añadió Morpheus.
-Yo tengo otra manera de ganar dinero.-Susurró La Dama.-Mañana es el baile de máscaras según he visto en los carteles y… supongo que habrá muchas personas ricas y con mucho dinero.
Las calles empezaron a llenarse y el misterio lo invadió todo, miles de personas enmascaradas paseaban por las calles estrechas recreando un universo teatral y mágico. Era tal el auge del carnaval que los hoteles y restaurantes se veían colmados por miles de turistas de todo el mundo: chinos, americanos, europeos… Era un mundo anónimo donde mágicamente todos se volvían iguales. Los turistas no paraban de fotografiarse protegidos por una máscara, envueltos por una capa de seda o de raso, junto a cientos de figuras enmascaradas. El recorrido era siempre el mismo: desde la plaza de San Pietro di Castello hasta la plaza de San Marcos donde la Basílica que lleva el mismo nombre, enriquece e inspira el carnaval. La Dama e Iria se incorporaron a la fiesta mientras los demás esperaban. Su objetivo era el aeropuerto pero, si todo salía bien, se incorporarían en el hotel San Marcos, cerca de la plaza.
-No me puedo creer que recurra a esto, ¡a robar!-Añadió Léstor atormentado.
-Todos lo hicimos alguna vez.-Calmó el vampiro.
-Yo no.-Zafrina se cruzó de brazos mosqueada.-No me gusta robar, ellos necesitan igual que nosotros el dinero.
-¿De veras?-Morpheus se acercó a la joven.-¿Crees que ellos están pendientes de matar al vampiro más peligroso, crees que ellos tienen que estar vigilando sus espaldas por si les atacan?
-No, supongo que no.
-Bueno tienen que vigilar sus carteras.-Añadió Léstor.
-Me temo que están bastante entretenidos con el carnaval.-Una sensación escalofriante recorrió la espalda de Morpheus. Éste se giró pero no vio nada: evidentemente, no se trataba de mirar atrás pues ya lo había vivido antes pero… ¿dónde? Empezó a observar más detenidamente a los presentes e intentaba mirar a través de las máscaras algún rostro conocido.
Al cabo de un rato de festejos, Iria y La Dama consiguieron bastante dinero. Gracias a su habilidad y sigilo pudieron reunir suficiente para el billete y el hotel. Dentro de poco las personas saqueadas iban a echar en falta mucho dinero.
-Me temo que solo hay dos habitaciones separadas.
-Pues ponga en una habitación una mesa camilla.-Protestó Morpheus. El vampiro tenía un acento bastante bueno, parecía realmente un italiano de nacimiento.
-Si quiere una habitación con cama matrimonial.-La sonrisa del recepcionista se agrandó. Llevaban un cuarto de hora discutiendo sobre la objeción de las camas.
-Está bien, deme las dos separadas.
-Enseguida.
Y así, Léstor y Zafrina durmieron en habitaciones separadas supuestamente, por los celillos del vampiro.

“Otra vez esa mujer con la cuna. De nuevo parecen separarse pero la nana no cesa.
-Pronto estaremos juntas.
¿Quién es el bebé al que mi madre canta y mece? Podría ser yo pero… qué yo sepa siempre he sido un chico y nunca me separé de ella excepto cuando murió. Puede que me esté diciendo algo, como una señal pero, ¿qué? Mi madre parece alegre, contenta ¿y el bebé? Valla la cuna se está acercando a mí. Se parece bastante a mi madre: piel morena, rasgos muy femeninos, la marca en la oreja… Vale, me estoy asustando… ¿Porqué sus ojos son color miel?”

viernes, 15 de mayo de 2009

CAPITULO 18: Inmortales

En Transilvania todo es diferente. En una de las grandes y majestuosas habitaciones del castillo donde antes habitaba el famoso Drácula, cuatro Inmortales conversan alrededor de una mesa larga de madera.
-¿Y Cloe?-Preguntó una voz seca mientras golpeaba la mesa enfurecido. Todos callaron. Los ojos celestes del vampiro impusieron obediencia.
-Mi señor… un tal Morpheus la derrotó.-Añadió Lana que permanecía inquieta. Pero la mirada del vampiro la puso aún más nerviosa. Sus colmillos siempre estaban puntiagudos y viejos; su piel era pálida y tersa sin resto de arrugas, sin embargo su cabello era blanco y reflejaban sus numerosos años.
-¿Y cómo es que tú estás aquí?
-Mi señor…- Las palabras se les atragantaban ante tanta presión.-… Léstor es un hombre lobo y yo no…
-Te dije explícitamente que debías acabar con él, ¡Al menos Cloe ha muerto intentando cumplir su misión, no como tú cobarde, deberías de haber muerto tú en vez de ella! Tendrás tu castigo mientras envío a uno de mis Inmortales que puedan cumplir mis órdenes o morir en el intento.
-No mi señor, un castigo no se lo suplico. Iré de nuevo, lo encontraré, lo mataré y te traeré su cabeza si así lo deseas.-El vampiro se levantó. Su capa negra de adornos dorados se arrastraba por el suelo mientras sus pasos sonaban duramente por toda la habitación.
-Fallaste.-Lana sintió el aliento muerto del vampiro cuando los pasos dejaron de sonar justo detrás de ella que permanecía inmóvil.-Yo nunca perdono este tipo de deshonra ante mí. Nunca me hubiera imaginado eso de ti Lana Raven pero lo hiciste.-Susurró el sanguinario. Con gran elegancia, volvió hacia su sitio mientras hablaba.- Dilan, ¿qué tienes para mí?-Un joven de cabellos castaños y ojos marrones se levantó con una caja entre las manos. Llevaba una bata blanca científica, pero aparentaba unos veintitrés años.
-Le traigo una innovación, mi señor.-Abrió la caja cuidadosamente y mostró su interior: entre terciopelo se situaba un aparato como una moneda: redonda, plana y menuda. Un joven con el cabello castaño y revuelto lo cogió suavemente.
-¿Qué nos traes esta vez Dilan, un cambio de moneda?-Bufó el joven.
-No.-Respondió mientras le quitaba de las manos el aparato.-Es un torturador: solo hay que presionarlo sobre el pecho de una persona o derivados y él actuará por sí solo. El poseedor del aparato no podrá quitárselo ni despegarlo. Poco a poco, se irá hundiendo en la piel hasta que no haya rastro del torturador. Los efectos empiezan cuando entra en el cuerpo, pues se pegará automáticamente en el corazón y lo irá despedazando muy lentamente, lentamente.-Lana y el otro vampiro tragaron saliva, sin embargo, el misterioso y viejo jefe sonrió.
-Perfecto, es realmente un privilegio tenerte como séquito, Dilan.-El adulado hizo una pequeña reverencia.-Paul.-El vampiro de cabello alborotado se levantó.-Tengo entendido que todos se reunirán en el puerto de Venecia, ve, localízalos y mátalos. Confío plenamente en ti para esta misión.-Paul sonrió.-Pero antes debo presentaros a unos amigos.-La sonrisa de Balo Fer se ensanchó de forma inicua cuando un grupo de humanos aparecieron, uno de ellos, con barbas blancas y barriga rolliza similar a Papá Noel.

Al fin llegaron al puerto. Sintieron como si el agua les rodeaba y acariciaba al sentir en sus rostros la suave brisa marina. Morpheus miró a su alrededor y observó una luz proveniente de un bar cerca de uno de los yates que dormía en el agua acunado por el viento.
-Esperadme aquí y vigilar que nadie vea el cuerpo.-Iria lo cogió del brazo antes de que se marchara.
-¿Qué vas a hacer?
-Pedir un mechero y enviar de una vez por todas al infierno quién lo merece.-Iria lo soltó sin rechistar. Morpheus anduvo hasta la puerta del bar. Todos los presentes eran simples borrachos intentando olvidar sus problemas que dirigieron sus miradas hacia el joven cuando entró. Desde luego Morpheus era todo lo contrario a los presentes en el bar: no estaba borracho, era elegante y sobretodo su rostro era perfecto. En la barra servían dos mujeres de camisas de cuadros y cabellos mal peinados que al acercarse el joven a ellas comenzaron a murmurar y sonreír. Una de ellas, la de rostro moreno y supuestamente más mayor de las dos, dejó el trapo blanco y sucio que utilizaba para limpiar la barra y le esperó:
-¿Puedo ayudarte en algo?
-Sí, claro, necesito un mechero.-La camarera miró a la otra que los observaba expectante.
-Está bien.-La muchacha se aclaró la voz.-Te daré una cerveza, invita la casa.-Morpheus la cogió del brazo suavemente y ésta sonrió bajo la celosa mirada de su compañera.
-Yo no bebo, gracias. Solo quiero un mechero.
-¿Ni siquiera te apetece agua o algo?-El joven se acercó a ella y comenzó a murmurar:
-Si acaso un vasito de sangre pero, como ya me he saciado, no lo necesito gracias.-La mesera asintió desconcertada. Mientras las dos muchachas hablaban, Morpheus comenzó a oler un deleitable hedor a sangre. Miró de reojo hacia donde provenía aquel olor pero ninguno de los presentes coincidía con aquel delicioso aperitivo. Era tan fuerte que los colmillos del joven descendían lentamente hacia abajo. Volvió a mirar a las dos camareras que, cuando se percataron de que les miraba, se pusieron nerviosas de tal manera que casi se escondieron. El hedor se volvió más lacónico. Su iris comenzó a cambiar de color de forma gradual y sus sentidos se sensibilizaron. Todo le daba vueltas, como sucumbiera al olor de la sangre, todas esas personas verían algo que jamás se les olvidaría, y no estaba dispuesto. Todo volvió a la normalidad cuando el mechero golpeó la barra en manos de la camarera que aún seguía confusa.
-Gracias.-La muchacha se volvió sin mediar palabra y Morpheus aligeró el paso hacia las puertas.
El cuerpo de la vampiro comenzó a arder con el contacto del fuego producido por el mechero.
-Creo que deberíamos buscar un hotel o algo, por el humano y Zafrina, tendrán sueño.-La Dama y Léstor se miraron, ellos aún no sabían que Léstor no era un simple humano.
-Si.-Contestó Zafrina.-Pero nadie tiene dinero.
-No hace falta tener dinero, solo necesitas trepar.
Las ventanas del hotel estaban ha bastante altura por lo que La Dama se ocuparía de distraer a los guardias presentes fuera del hotel no sin antes informarse de cuáles y cuantas habitaciones no estaban reservadas. Primero trepó elegantemente Morpheus por las paredes echas de piedra lo bastante desiguales como para poder trepar sin trompicones. El joven observó las habitaciones por las ventanas hasta que encontró una doble. Los puños del vampiro chocaron violentamente contra el cristal pero el guardia de seguridad estaba bastante distraídos con la presencia de La Dama. Morpheus esperó a que nadie reaccionara y se metió dentro. Detrás de él, Iria trepó por la pared de una forma bastante refinado: la capa negra que llevaba ondeaba con el movimiento que producían sus movimientos, parecía como si volara solo al son del viento. Morpheus aún se asomaba por la ventana vigilando cada rincón. Zafrina comenzó escalar con movimientos más bruscos por su naturaleza. Luego, Léstor: Iria estaba dispuesta a tirarle las sábanas ya anudadas por Morpheus pero el joven comenzó a trepar bajo la atenta mirada de sus compañeros. Sus brazos se arrastraban y sujetaban de forma rígida y dura igual que Zafrina. Los tres se extrañaron y tras entrar en la habitación, todos le miraron.
-Léstor…-La joven loba se quedó sin palabras.
-Yo también tengo mis secretos.-La Dama cortó la escena tras subir por la ventana con los labios teñidos de rojo. Morpheus, al verla, puso los brazos en jarra.
-Me incitó.
-Bueno, ahora que estamos todos los vampiros deberíamos bajar a vigilar o a hacer lo que sea con tal de dejarlos dormir.-Añadió Iria.
Léstor y Zafrina se tumbaron en sus respectivas camas e intentaron dormir. Tras varias horas de intentos, Zafrina se levantó hacia el cuarto de baño de la habitación. El joven abrió los ojos y jadeó.
-¿Léstor, estás despierto?-El rostro de la joven se asomó por la puerta del baño.
-Ya veo que tú sí.-Zafrina sonrió. El agua de la ducha comenzó a sonar. Después de unos minutos, la joven salió del baño con una toalla alrededor de su cuerpo mientras se escurría su largo cabello con otra toalla. Léstor enarcó una ceja. La joven se sentó en la cama y dejó que su morena piel se iluminara bajo la luz de la luna.
-Lo sabía, sabía que eras como yo.
-¿Lo sabías?
-Una persona como tú era imposible que no fueras un ser anormal, tenía dudas: o un vampiro o un hombre lobo. Me decanté por el lobo ya que un vampiro es más pálido que tú desde luego.
-Deduces bien.-Zafrina le sonrió.
-Quizás tú te has topado con alguien de mi familia, no se…
-Es imposible que lo sepa si no recuerdas ni a tus padres, Zafrina. Aunque ahora somos como de la familia ¿no?, una misma camada.
-Del mismo clan.

-Ya no recuerdo lo que era dormir, cerrar los ojos y soñar.-Dijo Iria.-Ojalá pudiera sentirlo.
-¿Tanto te gustaría ser humana?-Le preguntó La Dama.
-Mucho. Es algo que cuando lo eres no te das cuenta, pero pensar que todo tiene principio y final me reconforta.
-¿Así que te gustaría… morir?
-No me gustaría, lo deseo. Ya he vivido suficiente, he visto cosas que nadie ha visto y mis recuerdos ya no dan abasto. Quizás tu no lo comprendas porque toda tu vida has sido vampira, nunca te ha tenido que preocupar los errores que cometes pues, se olvidarán con el paso del tiempo.
-Mi madre era humana y mi padre vampiro.-Iria la miró.-Se enamoraron cuando él la mordió y convirtió en una vampira. La sangre de mi padre corría por las venas de mi humilde madre por lo que los unió. Ella deseaba ser de nuevo humana… y morir. Es increíble como todos los humanos convertidos en vampiros desean tanto la muerte o la vuelta a la vida.
-Y dime, ¿por qué me buscabais, qué puedo hacer yo para que Balo Fer muera?
-Iria, es algo simple fruto de un conjuro del mismo Balo: ni tú ni él morirá hasta que la gotita de sangre del Áfrodes desaparezca.
-Es fácil… ¿por qué no lo hacemos ahora?
-Porque los dos debéis de estar juntos y que de alguna manera vuestra piel esté en contacto entonces, romperás el anillo y la última gota caerá y desaparecerá.
-Es algo complicado y… raro.
-Bastante. Supongo que Balo quería morir junto a ti.
-¿Y cómo romperé el anillo?
-Eso ya es asunto tuyo.-Iria asintió.
-Viví para él, y moriré con él.

domingo, 3 de mayo de 2009

CAPITULO 17: Al Filo

-¿Pero por dónde viene?-Preguntó confuso Léstor.
-Volando.
-¿Volando?
-Lana es el ojito derecho de Balo Fer y la ha entrenado duro así que, aparte de tener la capacidad de convertir sus uñas en navajas, sabe… más o menos volar.-Léstor se sobresaltó y rebuscó entre las reservas hasta encontrara el cuchillo.
-¡Ajá!-La Dama enarcó una ceja.
-¿Y tus pistolas?
-En el barco.-Léstor se encogió de hombros.
-¡¿En el barco?!-El joven asintió.- ¿Cómo crees que vas a matarla, con un cuchillo de cocina?
-¿Acaso tienes otro plan mejor?-La Dama miró hacia otro lado.-Angélica, tú puedes detenerla con tus colmillos, ¿no?-La joven se puso tensa.
-Es que no puedo hacer eso en un sitio tan pequeño… y no sé nadar.
-Pues tenemos que pensar algo.
-Tarde.-Una figura oscura impactó en el agua, agitando la lancha. La Dama se sujetó con fuerza a los lados mientras se volvían a tensar sus músculos. Sus colmillos salieron de una forma brusca y sus ojos cambiaron a un color blanco.-Ella lo sabe… sabe que odio el agua… que no se… nadar.-Al poco tiempo, todo se calmó, no hubo rastro de la joven. Léstor, con cuchillo en mano, se levantó y miró a su alrededor.
-Pero no te puedes ahogar.
-Lo sé… pero no podría volver a la superficie.- La joven tragó saliva. Unos dedos se asomaban por uno de los lados y lentamente se alargaban sus uñas, de tal forma que parecían cuchillas tremendamente cortantes. La lancha se balanceó cuando, elegantemente, Lana subía a la lancha muy lenta y pausadamente. La Dama estaba inmóvil y Léstor observando las largas uñas.
-Hola, de nuevo.-Susurró la joven vampira con un hilo de voz elegante y agudo. Sus dientes estaban sacados, al igual que los de La Dama, y sus ojos tenían un color más rojizo que los blancos de Angélica. Al comprobar que la vampira estaba inmovilizada, Lana se abalanzó sobre el cuerpo de Léstor con tanta fuerza, que el cuchillo cayó al agua… y allí se hundió. La lancha se agitaba violentamente mientras La Dama se sujetaba con más fuerza a ésta. Léstor sabía perfectamente que los vampiros eran bastante peligrosos cuando estaban encima de su presa, por eso siempre hacían lo mismo, pero él sabía actuar. Sujetó el cuello de la vampira con sus manos mientras los dedos presionaban las finísimas venas que se distinguían en él. Lana intentaba liberarse de aquel dolor que le suponía, pues si no se escapaba, terminaría sin venas en su escultural cuello. La vampira se apartó de las manos de Léstor, alejándose unos centímetros. Miró hacia La Dama que aún seguía los ojos clavados en ellos e inmóvil. Lana rió y se acercó a ella.- ¿Te gusta el agua?-Cuando Lana se disponía a empujar a Angélica al agua, Léstor la derribó de forma que ambos se hundieron en él.
-¡Léstor!-La Dama por fin se despertó de su inmovilidad aunque aún seguía temblando. El sonido de la suave voz de Angélica alcanzó a los oídos del joven mientras se hundía rápidamente en el fondo en compañía de la vampira que lo miraba recelosa. Sus ojos ahora más rojos brillaban en las profundidades mientras su cuerpo se convertía en un pálido palo que se deja hundir por la corriente del agua. Sus cabellos, sin embargo tendían a subir a la superficie intentando recuperar el aire perdido. Léstor tenía la suerte de que corriera por sus venas sangre animal que resiste al agua durante bastante tiempo. Aquí todo iba a ir lento… muy lento. Pero las piernas de la vampira, se movieron rápido, como si no hubiera agua ni presión. Flotaba, pero se movía rápido. Los ojos de Léstor, brillaron al localizar en una de las miles de rocas submarinas, un afilado cuchillo de cocina. Miró a Lana que aún permanecía mirándole y sonriendo. El joven movió las piernas lentamente cada vez más rápido hasta que comenzó a nadar hacia el cuchillo. Lana iba aún más rápido y pudo llegar antes a él. Léstor se paró en seco delante de ella. La vampira tiró a las profundidades más oscuras el cuchillo que iba lentamente descendiendo hacia las sombras. Lana volvió a sonreír. Estaba totalmente perdido. En el agua, los vampiros, o al menos Lana, eran más rápidos que los lobos y estaba claro que la vampira no dejaría escapar a Léstor hacia la superficie. De pronto, se le ocurrió una idea.

-Valla… así que Léstor es el único humano. Me gustaría ser como él, normal.-Añadió Iria al terminar de escuchar la historia.
-¿A dónde vamos?-Preguntó Zafrina. Morpheus sonrió mientras conducía el coche.
-Al puerto, esperaremos a La Dama y Léstor.
-Es una locura, si me lleváis allí y esperamos, los Inmortales podrían dar conmigo.
-Los esperaremos.-Sentenció Morpheus. Durante los siguientes minutos, todo permaneció en silencio. Zafrina miraba por la ventana la oscuridad de la noche que aún no había desaparecido. Los jóvenes eran los dueños de las calles y en los parques casi no abundaban niños. Algunas tiendas permanecían con su luz encendida, pero la mayoría aún colgaban el cartel de “cerrado”. ¿Qué día sería, qué mes, qué año? De pronto el coche se tambaleó provocado por un ruido en el techo. Morpheus paró el coche.
-Morpheus.-Susurró Zafrina.
-Quietas.-Poco a poco todo quedó en silencio y las luces de las farolas se apagaban de forma sincronizada. Solo se oía la ahogada respiración de las dos muchachas. De improviso, un brazo pálido atravesó el techo del coche. Zafrina gritó mientras Iria se alejaba del ahora agujero. Con la propia mano, arrancó como mero papel provocando un mayor socavón que dejó ver un cuello ensangrentado y un cabello rubio alborotado. Los ojos eran puramente blancos y su piel era extremadamente pálida. Infundía un temor que se transmitió a Morpheus cuando vio a Cloe encima del techo.
-Mierda, la cabreé.-Añadió Morpheus intentando ocultar su miedo.
-Huelo desde aquí tu miedo.-Dijo la vampira con tono desagradable. Su risa malévola recorrió todas las calles. Morpheus recordó perfectamente esa carcajada macabra, aquella que les atacó en el barco. El joven cogió el brazo de la vampira y la empujó hacia el interior del coche provocando el choque entre el cuerpo de Cloe y el techo, puesto que aún el agujero no era lo bastante grande como para que el cuerpo de la vampira entrara en el coche. Ésta intentó liberarse en un vano intento en el que el techo cedió provocando la caída de la vampira al interior. Iria la sujetó por los brazos.
-Y yo huelo tu muerte.-Los ojos de la vampira se abrieron y comenzó a chillar, pero los colmillos de Morpheus estaban dispuestos a clavarse de nuevo en su cuello.

Lana contempló como el cuerpo humano de Léstor cambiaba a uno peludo, de cabellos negros y ojos rojos más profundos que los de la vampira. Ésta se sobresaltó, el rostro y la dimensión del lobo provocaba una sensación que dejó de existir en ella cuando los hombres lobo se extinguieron: el miedo. El lobo se abalanzó sobre ella y ésta, presa del pánico, empezó a agitar los brazos y las piernas para huir a la superficie… y él la dejó escapar. El lobo lentamente desapareció físicamente del cuerpo de Léstor. Una vez en la lancha, La Dama le abrazó fuertemente.
-¡Léstor, creía que ya no te vería más!
-Antes tendrían que matar a un hombre lobo.-Léstor le acarició la mejilla y la beso dulcemente en los labios. Angélica le apretó fuertemente la mano, pero todo se interrumpió al sonar una bocina de un barco.
-¡Léstor!-La voz del viejo capitán a través de un altavoz arrancó una sonrisa en el rostro de los muchachos.
Al subir al barco, el capitán los abrazó.
-Por fin os encuentro, ¿por qué os fuisteis?-La Dama empujó a Léstor.
-El te lo dirá.-El joven arrugó el entrecejo.
-Vale. Queremos ir lo más rápido posible a Venecia, compréndalo.
-Por eso estoy aquí querido amigo, para ir a la dichosa Venecia.-Léstor sonrió.-Pero ahora estás empapado ve a la habitación y sécate… que pena que tu amiga no lo esté.-La vampira puso en blanco los ojos.-De todos modos, descansad hasta que lleguemos… que no será tarde.

Zafrina estaba encogida en el sillón delantero del coche observando cómo los dos vampiros se alimentaban de la sangre de Cloe. Comenzó a marearse.
-Morpheus…-Susurró Zafrina. El joven la miró y se limpió la sangre de su rostro con el brazo.
-Lo necesitaba, ya era demasiado tiempo sin probar bocado… no mires.
-Morpheus, creo que será mejor que alquilemos una habitación en cualquier sitio.-El joven se acercó a ella y la rodeó en sus brazos.
-No temas, nunca te haré daño, yo no.-Morpheus la besó en la frente y prosiguió.- ¿y sabes por qué? Porque te amo, porque eres la sangre que corre por mis venas y mi corazón cuando tiene la oportunidad de latir.-Iria los observaba y sonreía.
-Qué hermoso.-Los dos jóvenes miraron a la vampira.-Nunca hubiera pensado que un lobo y un vampiro se amaran tanto, es raro y… hermoso.-Morpheus y Zafrina se miraron orgullosos y prosiguieron el camino hacia el puerto.

lunes, 27 de abril de 2009

CAPITULO 16: Escapar

Morpheus abrió la puerta de la habitación cuidadosamente y mirando hacia los lados entró en ella. Todo estaba limpio y ordenado sin embargo no había nadie. No se explicó porqué pero no se dio cuenta de que Cloe le estaba esperando a sus espaldas:
-Hola Morpheus.-El joven se giró.
-Hola.-Cloe le ofreció asiento en uno de los dos sillones verdes de terciopelo que rodeaban una mesita estilizada donde permanecían dos tacitas de adornos franceses. Morpheus se sentó no sin antes observar todos los movimientos de la joven. Cloe sacó una tetera y se sentó en el otro sillón.
-¿Té?-Morpheus negó con la cabeza.-Pues yo sí.-Mientras llenaba la tacita comenzó a hablar.- ¿Has venido a verme o simplemente a sentarte?
-En cierto modo… a verte.-La joven le miró y se quitó la capa negra dejando al descubierto un vestidito blanco repleto de detalles dorados. En el cuello colgaba un colgante sin embargo, la joya que sin duda portaba el colgante se escondía tras el escote “palabra de honor” que provocaba el vestido. Morpheus enarcó una ceja mientras contemplaba el colgante esperando un solo vistazo para comprobar que era una inmortal y así poder atacarla. La joven se recostó en el sillón mientras su mirada seductora de ojos verdes le observaba.- ¿Me enseña el colgante, si es tan amable?-La joven se puso tensa
-Ven a buscarlo.-La joven sonrió mientras jugueteaba con la cadena de oro. Se levantó y se dirigió al tocador, dándole la espalda al joven que la imitaba. La mano de Morpheus rodeó el cuello suave de Cloe mientras ésta se giraba para rodear el cuello de Morpheus con sus brazos menudos. El joven acercó su rostro al de la muchacha al intentar coger el colgante de su exuberante escote. Se besaron. Morpheus consiguió ver al menos una pequeña inscripción “Nos los inmortales” El joven bajó su rostro hasta el cuello de la joven mientras sus labios lo rozaban. Cloe chilló de dolor al sentir como dos afilados colmillos atravesaron su piel de terciopelo. Ella se apartó mientras sus ojos cambiaban a un color blanco y sus colmillos crecían. Morpheus se iba a enfrentar a un verdadero inmortal.

Por fin llegaron al puerto del estrecho y comenzaron a desembarcar. Aunque aún el sol no se había despertado, las luces de la ciudad alumbraban cualquier zona oscura, excepto al barco.
-Léstor, ya los tengo.-Susurró La Dama mientras sostenía unos mapas marinos. El joven le sonrió.
-¿Qué ocurre?-Preguntó Léstor al ver a la joven inquieta.
-Léstor, necesito… comer.-El muchacho miró a los lados y sonrió:
-Bueno, supongo que no notarán la ausencia de un marinero.-La Dama le sonrió mientras se iba del barco.-Yo a lo mío.-Murmuró para sí. Léstor se marchó hasta la cubierta. A los lados de ésta había numerosas barquitas, sin embargo hubo una que le llamó la atención pues era una lancha motora. Sacó un cuchillo cogido preferentemente de la cocina y cortó las cuerdas que la sujetaba al barco. La lancha chocó contra el agua lo que produjo una marea violenta que movió el barco. Léstor cogió la comida, los planos marinos y el cuchillo y los colocó cuidadosamente en la lancha.
-Estoy preparada.
-¿Ya, tan rápido?-Preguntó Léstor sorprendido. La Dama sonrió.
-Son fáciles estos marineros, sobre todo cuando se les pone una mujer por delante…-Léstor arrugó el ceño mientras la joven subía a la lancha.

-¿Qué me has hecho?-Preguntó alterada la vampira.
-Morderte.-Cloe se abalanzó sobre Morpheus rápidamente mientras éste la esquivaba. Era una disputa entre rápidos pues cada movimiento era ligero y ágil. Se enzarzaron en una pelea totalmente violenta donde se empujaban contra muebles, destrozaban cristales y sobretodo… corría la sangre. Los colmillos de los dos vampiros rozaban la carne viva de su oponente sin piedad, ciegos de lo que se ponía por delante. Morpheus no tardó en tumbarla en el suelo para terminar con ella. El joven tras varios intentos de la vampira comenzó a morderle el cuello aunque ella intentaba golpearle con cualquier cosa para liberarse del vampiro. Pero paró de golpe cuando en su cuerpo no quedaba ni la más mínima gotita de sangre. Morpheus la soltó e incorporándose cogió un mantelito situado encima de la mesita francesa y comenzó a limpiarse las manchas de sangre.
-Tarda demasiado.-Susurró Zafrina. Iria no desvió su mirada de la ventanilla de los asientos traseros del coche.
-¿Crees qué es fácil matar a un inmortal? Aún queda para…-Morpheus cortó a Iria al subir al asiento del conductor del coche. La joven se sobresaltó.
-En marcha.-Morpheus puso en marcha el motor mientras Zafrina alargaba el brazo para tocar la mano del vampiro. El joven miró a la muchacha y le sonrió.
-Tienes sangre en la mejilla.-Morpheus soltó la mano de Zafrina y comenzó a frotarse el pómulo mientras la joven reía.
-¿Ya?-Zafrina se acercó a Morpheus y lo besó en la mejilla. Iria los contemplaba.
-Zafrina, ¿podrás decirme que clase de animal, persona o cosa eres?-Preguntó la vampira. Zafrina asintió:
-No merece la pena dar rodeos así que… soy un lobo.
-No sé porque no me impresiona. Una última pregunta, ¿cómo llegó un lobo a los brazos de un vampiro?-Los dos jóvenes se miraron.
-Es una larga historia pero mientras conduzco será un método de entretenimiento.-Dijo Morpheus mientras pisó el acelerador.

-¿Seguro qué sabes ir hasta Venecia?
-Mi padre me enseñó a utilizar los mapas marinos… son fáciles.-La Dama miró el mapa que Léstor sostenía.-Confía en mí ya no hay vuelta atrás, ¿no ves qué estamos en medio del mar.-La Dama tragó saliva mientras miraba a su alrededor: solo había agua.
-Bien, ¿y cómo sabes por dónde es si estamos rodeados de agua?-Léstor le sonrió.
-Tú confía en mí.
A medida que la lancha avanzaba, una espesa niebla los cegaba. Tras varias horas sin hablar y rodeados de agua, Léstor tragó saliva y La Dama lo notó.
-¿Qué ocurre?-Léstor la miró.
-Nada… solo que aquí debería de haber una plataforma.-La Dama comenzó a respirar acelerada.
-¿Sabes qué los vampiros cabreados no son amistosos? Yo me convertiré en uno si no me sacas de aquí. Odio el agua y no creo que pueda soportar tanto. No podríamos haber esperado unas horas antes de partir…-Léstor interrumpió a la joven. Un chillido lejano llegó al oído de los dos muchachos.
-¿Lo oyes?- La Dama asintió.
-Ese chillido me suena y a ti también.
-Lana Raven.

jueves, 9 de abril de 2009

CAPITULO 15: La Rosa Negra

-Léstor, estamos llegando al estrecho pero me temo que mis pasajeros quieren desembarcar y eso requiere tiempo.-Añadió el capitán mientras se encendía un cigarrillo.
-¿Cuánto más o menos?-Léstor miró de reojo a La Dama que estaba apoyada en la cristalera de la cabina.
-No lo sé, depende… quizás unas dos horas o así…
-¿Tanto?
-Desde luego a parte de los pasajeros, mis hombres deben descansar por su salud y la mía.
-Ya…
-Mi capitán, ya es hora de cenar… ¿viene?-Interrumpió un joven marinero. La Dama se giró y le sonrió mientras éste la miraba de arriba abajo.
-Naturalmente. Léstor, Angélica, discúlpenme tengo que llenarme el estómago.
-Creo que nosotros nos quedaremos por aquí.-El capitán asintió. Cuando se fue, Léstor se acercó a la joven vampira.-Angélica, ¿porqué no tomamos un poco el aire?-El joven rodeó con sus brazos la cadera de la vampira mientras ésta seguía de espaldas a él.
-Léstor, ¿dónde estarán Zafrina y Morpheus? Estoy intranquila.
-No tengo ni idea, pero si hay algún lugar donde irían, sería Venecia.
-¿Cómo estás tan seguro?-El joven titubeó u sonriendo respondió.
-Porque saben que nosotros vamos para allá.

-Lo sabía, sabía que estabas… más o menos viva.-Sonrió Morpheus.
-Mi señora, requiero su permiso para retirarme.-Susurró Cloe.
-Que así sea querida.-Iria esperó hasta que la muchacha se marchara.-Ayúdenme.-Zafrina y Morpheus se sobresaltaron.
-¿Qué ocurre?-Le preguntó la joven de ojos miel.
-Me da la impresión de que me vigila…
-¿Quién?
-Cloe… y pienso que detrás de ella está Balo Fer.
-¿Una inmortal?-Morpheus murmuró cuidadosamente.
-Si mis sospechas son ciertas me temo que estamos ante una vampira inmortal. Necesito deshacerme de ella como sea.-Morpheus se recostó en la silla y cerró los ojos. Zafrina miró al joven y al cabo de unos segundos se dirigió a Iria confusa:
-Lady Iria, ¿me podría contar que es eso del Áfrodes?-Iria se sobresaltó.
-Cuéntame lo que sepas.
-Bueno… La Dama me explicó que el anillo que tiene ella se llama Áfrodes y que contiene la última gotita de tu sangre por eso Balo Fer lo tenía, porque te amaba.-Iria se acomodó en la silla y suspiró:
-Bueno, no está mal. Yo te lo contaré con detalles.
“Corría el año 1817. Yo sólo tenía 18 años y ya estaba en mi total esplendor pues tenía millones de pretendientes pero ninguno era lo que yo quería para mí. Mi padre era varón e iba de fiesta en fiesta y mi madre y yo, naturalmente, le seguíamos. Éramos extremadamente ricos pero mi padre, tal humano, quería más y lo lograría con solo ir a una fiesta en Transilvania, y poner buena cara a la gente. Yo no quería ir pues había oído historias donde se decía que en el castillo de Transilvania habitaba un ser oscuro y diabólico… Drácula. Pero cuando llegué todo era maravilloso. Sin rastro de Drácula y de las leyendas me dedicaba a observar a mí alrededor: casi todos los presentes eran jóvenes prácticamente de la misma edad que yo. Cada uno de ellos me miraban de una forma diferente pero todos eran igual de hermosos… sin embargo fue únicamente uno quién me llamó la atención. Sus ojos eran marrones aunque la luz de las luces los aclaraba de tal forma que el rojo se apoderaba de ellos. Su cabello castaño estaba totalmente engominado y su piel pálida… muy pálida. Recuerdo que se acercó a mí lentamente mientras me sonreía. Pasamos toda la velada hablando y no nos separamos en toda la noche. Cuando nos disponíamos a abandonar ese lugar sentí como una parte de mi corazón se quedaba en aquella mansión, en Transilvania. Pero aquel joven me seguía mirando con aquella mirada en una esquina del edificio, y cuál fue mi sorpresa que, cuando me di cuenta, estaba andando hacia él. Me ofreció fugarme con él y dejar a mi familia para estar con él… sus ojos me embrujaban por lo que acepté su propuesta. Así que me cogió de la muñeca dulcemente y me llevó muy lejos de todos y de todo. Nos ocultamos debajo de un arbusto mientras esperábamos a que se cansaran de buscar. Esa noche, la luna era nuestra cómplice. Nos besamos… estaba totalmente prendida de aquel extraño joven que ni siquiera me dijo su nombre, pero nunca me imaginé que debajo de ese rostro angelical y hermoso se encontraba uno de los seres más horribles, un demonio. Naturalmente sentí sus colmillos aparecer y sus ojos cambiar al rojo vivo… me asusté, temblaba, pero él me abrazó tiernamente y me lo explicó todo… todo. El sacó de su bolsillo una flor pero no una cualquiera pues era negra, absolutamente negra. Me la ofreció mientras la enredaba en mi cabello. Sus espinas se clavaban en mi piel pero, aunque parezca extraño, no le di ni la más mínima importancia. Para nuestra desgracia, los hermanos y familiares del muchacho nos descubrieron. Fue horrible, él no era el único vampiro sino uno de ellos. Nos separaron y lo único que recuerdo fue el contacto de nuestras manos mientras miles de colmillos me acechaban…”
Zafrina no dijo nada, simplemente bajó la cabeza.
-¿Habéis terminado de parlotear?-Cortó Morpheus. Iria asintió un tanto afectada por el recuerdo de lo que fue su único amor.-Bien, tengo una idea, ¿tienes coche o algo parecido?
-Sí uno antiguo, muy antiguo.
-Estupendo. Yo me ocuparé de Cloe mientras vosotras me esperáis en el coche.

La Dama y Léstor se sentaron en la superficie del barco mientras el viento hacía revolotear el cabello de la joven vampira. Angélica apoyó su rostro en el hombro de Léstor.
-Es raro que un hombre lobo y una vampira estén juntos.
-Yo diría improbable.-Bufó Léstor.-Quizás nosotros seamos la excepción.
-Si… siempre hay excepciones.-Léstor la rodeó con su brazo mientras se acercaban cada vez más.-Léstor, he estado pensando y… bueno aunque parezca raro tú podrías ser el familiar que Zafrina busca.
-También lo he pensado pero… es raro porque yo nunca he oído hablar de Zafrina y menos de una hermana, quizás seamos de camadas distintas… la verdad es que sería maravillosos pues podría compartir con ella recuerdos de nuestros padres… si es que lo son.-La Dama cerró los ojos suspirando.
-¿Cuándo te convertirás en lobo?-Léstor esperó.
-Cuando salga la luna llena me temo. Tranquila tengo una poción que me protege de la luz de la luna si es que es eso lo que te preocupa e inquieta, así que espero que nunca me veas convertido en un lobo.
-Léstor… no es eso lo que me preocupa es solo que… parecerá absurdo pero al convertirte en lobo podrías nadar… hasta Venecia.-Léstor abrió los ojos mientras su sonrisa se marcó en su rostro.
-Sé nadar pero no durante tanto tiempo, acabaría destrozado y ahogado en el mar.-La Dama rió. Las olas se volvieron un poco más violentas y un ruido provocó la atención máxima de los jóvenes. Léstor se asomó al mar y se calmó al descubrir que una barquita chocaba con las paredes metálicas del barco. La Dama se acercó al muchacho que miraba embobado al barquito.
-Las aguas se han vuelto bravas pero apuesto a que esa barca aguantaría lo que fuera.-Léstor miró a Angélica y sonrió.
-Tengo una idea.

sábado, 21 de marzo de 2009

CAPITULO 14 :Invitados encarcelados

-¿Zafrina?-Los oídos de la joven al fin captaron el sonido de la voz de Morpheus, aunque aún disperso. Zafrina no lo hizo esperar más y abrió sus ojos. Su piel contactó con algo realmente cómodo y calentito.-Tranquila, estás a salvo.-La voz del joven le calmó. ¿Verdaderamente estaban a salvo? Observó la mano rígida de Morpheus como se enredaba en su mano mientras le dedicaba una profunda sonrisa.- Zafrina, ésta es Cloe.-Detrás del joven se perfilaba un cuerpo curvilíneo cubierto por una capa negra que dejaba entrever sus ojos verdes y un tímido mechón rubio.
-Por fin despertaste querida.-Zafrina se incorporó mientras Cloe se sentaba a un lado de la cama.-Según me ha contado tu amigo erais cuatro antes de que os encontráramos ¿no es así?
-¿Encontrarnos? Pero…
-En efecto, ellos nos rescataron de aquellas sombras.-La voz de Morpheus expresaba ira.-Nos acogieron como invitados.
-Espera… ¿la cárcel en donde estábamos era vuestra?-Cloe asintió.-No lo entiendo, ¿así es como tratáis los vampiros a los invitados?
-¡Zafrina!
-Morpheus vamos, nos salvó de no sé dónde y nos encarcelaron como a unos delincuentes, en mi idioma significa secuestro.
-Detesto tener que contrariarte, creíamos que erais de “los inmortales”
-Pero si precisamente nos salvasteis de ellos, ¿no?
-Zafrina, no lo sabemos, nos encontraron en el mar, en pleno océano… al menos deberías de dar las gracias, ¿no crees?-Dijo Morpheus mientras Cloe se levantó y caminó hacia la puerta.
-No importa, es normal.-La muchacha se fue. Llegó una pausa bastante incómoda entre los dos jóvenes, hasta que Morpheus preguntó:
-Zafrina, ¿Qué te ha pasado?-La joven suspiró.
-Nada… simplemente me parece raro que nos metan en una cárcel como invitados, como vulgares ladrones.
-Zafrina… lo importante es que estamos a salvo.-El vampiro le tendió la mano mientras Zafrina se incorporaba lentamente. Le agarró con fuerza y se levantó de la cama pausadamente. Morpheus le soltó la mano y la contempló: su cabello largo y castaño se deslizó por la suave superficie de la cama y su vestido blanco y sencillo estilizaba su cadera al levantarse. La luz de la luna que entraba por la ventana se reflejaba por los pequeños poritos de su vestido lo que hacía que su figura se realzara y pareciera…
-Hermosa, sencillamente hermosa.-Morpheus se acercó con sus ojos verdes clavados en los de la muchacha. Su brazo rodeó la cadera de Zafrina mientras esta se vio atraída por sus ojos y sus brazos caían rendidos al contacto con la piel fría y suave de Morpheus.

Mientras acariciaba la rosa, miraba a su alrededor expectante: Cinco mesas se disponían en el gran comedor. Ninguna quedaba libre de los numerosos marineros y pasajeros de baja estima que comían y reían a su antojo. De fondo, susurraba una radio olvidada en algún lugar de la estancia. El contacto de los platos y el griterío de la gente provocaban un molesto dolor de cabeza.
-¿Es usted Léstor Seth?-El joven se giró y asintió confuso.-El capitán quiere verle.-El muchacho siguió sin preguntar al marinero hasta una puerta de metal repleta de oxidaciones.
Léstor la abrió. La Dama y el capitán lo miraron.
-¿Qué ocurre?
-Léstor, escucha esto.-El volumen de la pequeña radio subió y una voz entrecortada informaba de algo horrible:
-“¿Qué está ocurriendo? Nadie lo sabe o incluso lo siente, ya han pasado tres días desde que el sol no aparece por el horizonte y empezamos a temer lo peor. La noche invade las calles de la ciudad de Londres y el resto de Europa. Quizás, si esto no se arregla, Londres no volverá a ser como antes. La gente ha empezado a reservar vuelos predestinados a cualquier continente donde el sol no sea tan perezoso. Los científicos no se explican lo que ocurre pero se acogen a la idea del llamado cambio climático…”-El volumen de la radio volvió a bajar. Léstor agachó la cabeza.
-La gente ya duda y se teme lo peor, en mi opinión va siendo hora de que le entreguéis el Áfrodes.
-¿Cómo sabe usted eso?-La Dama se tapó el anillo que portaba su mano izquierda.
-No os dejéis abrumar con mi aspecto de capitán borracho, yo fui un cazavampiro.-Léstor se acercó a La Dama mientras miraba al capitán.-Me llamo Bernam. Me alegra pensar que en mi barco viajan dos cazavampiros…
-¿Cómo lo supo?
-¿Saber el qué?
-Lo de cazavampiro.
-¿Creéis que al romper una ventana y oír una risita de muy mal gusto nadie se daría cuenta? A mí también me volvió loco tal risa. Por cierto, ¿no eráis cuatro?
-Parece ser que su memoria a veces le falle, usted fue quien me salvó del mar hace poco y con tanta deducción me parece realmente raro que no averiguara lo ocurrido.-Hubo una pausa.
-Su cursi habladuría me aborrece.-Señaló el capitán al joven Léstor. Éste rió.
-Morpheus y Zafrina se llaman y me temo que no sabemos nada desde ese día.-Contestó tensa La Dama.
-Cuanto lo siento.
-Por cierto capitán.-Los dedos de Léstor recorrieron el timón cuidadosamente.- ¿Falta mucho para llegar a Venecia?
-Bueno… estamos cruzando el Cabo Finisterre y creo que en la madrugada de mañana cruzaremos el Estrecho de Gibraltar…
-¿Ya, tan rápido?
-No menosprecie a esta preciosidad.-Bufaba el capitán mientras golpeaba la pared de metal.
-¿No puede ir más rápido?-Interrumpió La Dama.
-¿Más? Es imposible.-El capitán rió al escuchar tal impresionismo de Léstor.
-Claro.
-Morpheus y Zafrina señora.-La voz apagada de Cloe hacía eco con las enormes y largas paredes de piedra que se levantaban alrededor de un gran círculo donde, en el centro, se disponía una mesa larga y solitaria, únicamente en compañía de sillas y una capa negra que si no fuera por el labio que se esbozaba, parecería como una simple sombra. Morpheus miró hacia arriba expectante mientras andaba lentamente hacia aquella “sombra” aparentemente humana. En lugar de un techo grande, escultural y pintoresco, una cúpula inmensamente larga, los cubría a todos.
-Saludos a los dos.-La sombra hizo una reverencia elegante, y Zafrina, por no ser menos la imitó.-Según me han informado vos es un vampiro y ella… un dudoso ser.-La voz aterciopelada y magistral, provocaba temblores que únicamente sentían los dos jóvenes.
-¿Un humano es un dudoso ser?
-Me temo que no, pero apuesto que no lo eres.
-¿Y si lo soy?
-En tal caso, no tendré más remedio que matarla pues, sabes demasiado.-Zafrina tragó saliva.-Pero tranquila, sé que no lo eres pero mi cuerpo no le gusta su presencia…
-Perdone, necesitamos volver al barco en el que viajábamos.-Interrumpió Morpheus.
-¿Y puedo preguntar a donde os dirigíais dos vampiros, un cazavampiro y un… digamos, no humano?-La sonrisa de Zafrina se pronunció en su rostro.
-Nos dirigíamos a Venecia.
-¿A Venecia, me permite preguntarle de nuevo por qué?-Morpheus miró a Zafrina y esta asintió.
- Buscamos a Lady Iria.-La sombra no dijo nada durante unos minutos.-La otra vampira, La Dama, porta el anillo Áfrodes de Lady Iria y si conseguimos la gotita de sangre que contiene tome contacto con la piel muerta de ella…
-Si ya se la historia, no hace falta que vos me la repita de nuevo.-La sombra pausó de nuevo y Zafrina se puso tensa, obviamente, no tenía ni idea de la historia.-Lamento darles la terrible noticia de que no podréis regresar al barco.
-¿Qué? Por favor, os lo suplico.
-No creo que sea necesario ya que estáis en Venecia.-Los dos jóvenes se miraron.-Y yo soy Lady Iria.

domingo, 1 de marzo de 2009

Capítulo 13: Verdad

-¡Léstor!-La Dama se apartó bruscamente del joven. Podría haber sido imaginación suya pero todo indicaba que no. Delante de ella se exhibía aparentemente el cuerpo de un joven. Sus ojos, ahora rojos como la sangre, contemplaban ambiciosos a los de La Dama mientras se tambaleaba frágilmente. Sus labios agonizantes dejaban entrever unos dientes ligeramente puntiagudos.- ¡¿Léstor que te ocurre?!-El joven cerró los ojos con cautela mientras se estabilizaba de nuevo. Durante unos minutos, la respuesta se quedó en el aire. La Dama intentaba tranquilizarse pero fracasó ya que la postura inmóvil del hasta ahora joven cazavampiro daba sensación sombría, llena de incertidumbre. Por fin los abrió solo que ahora aquellos ojos rojos cargados de odio y de aspecto lúgubre desaparecieron dejando ver un iris marrón natural, de humano. Una vez más, insistió:
-Léstor… ¿qué te ha pasado?-El muchacho parecía confundido pero aún así arrugó el entrecejo y contestó:
-Angélica yo… no quiero que te asustes ¿de acuerdo?
-Yo no estoy asustada.-La Dama mentía claramente pues su aterciopelado aunque muerto corazón bombeaba tan deprisa que todas las pequeñas venitas que recorrían su cuerpo le ardían, y eso se notaba.
-Te lo intentaré explicar… bien… gracias a este liquidito azul.-De uno de los bolsillitos del cinturón marrón que siempre llevaba aún mojado, sacó un botecito lleno de un líquido espeso color cobalto.- Puedo mantenerme protegido de… la luna.-En la mente de la joven empezaron a surgir imágenes de cómo Zafrina sucumbía al poder de la luna debido a su naturaleza de lobo sin embargo, Léstor caminaba tranquilamente bajo la luna sin consecuencia ninguna.-Zafrina y yo… no somos tan diferentes… creía que yo era el último de la especie en sobrevivir…
-¡No!-Le cortó la joven nerviosa.- ¡No, no, no, déjate de tonterías Léstor Seth!-El muchacho bajó la cabeza bajo la influencia de una mirada de ojos celestes rota por el dolor.-Tú no puedes ser un…-Susurró mientras una gotita pura recorría impetuosa las mejillas de las joven.

-¿Qué pasará?-Preguntó Zafrina mientras su cabeza reposaba en el hombro del vampiro.
-No lo sé.-La voz de Morpheus se fundía con la oscuridad de la supuesta cárcel. Sus manos estaban entrelazadas muy fuertemente mientras ambos compartían el miedo. El joven apoyó su cabeza en la de Zafrina dulcemente. Ambos cerraron los ojos. La lúgubre estancia era bastante grande, llena de cadenas largas y oxidadas. Aunque todo permanecía en las sombras, la vista nocturna inigualable de los vampiros corría a su favor. Podía distinguir hasta la más mínima piedra por pequeña que fuera. Morpheus abrió los ojos. Durante un largo rato contemplaba la puerta metalizada que se situaba no muy lejos. Fuertes cadenas en forma de cruz arropaban al portón, defendiéndole como sea.
-Morpheus…
-¿Si?
-Me duele…-El joven la enderezó dulcemente mientras la muchacha parpadeaba.-…mucho.-En esos instantes parecía una niña pequeña pero Morpheus empezaba a creer que no era un simple dolor.
-¿Dónde?-Zafrina señaló con sus dedos temblorosos el pecho donde latía fuertemente su corazón. La joven empezó a jadear.
-Mor…Morpheus… ayúdame.- El joven rápidamente comprimió el pecho de la joven mientras ésta empezó a sangrar por la boca. Todo fue rápido. Morpheus no sabía cómo actuar. Apoyó suavemente en cuerpo de Zafrina en el sucio y frío suelo mientras el joven corría hacia la puerta. “No…no” el muchacho se percató de algo muy desagradable: el olor de la sangre de Zafrina. Se tapó la nariz y golpeó la puerta con todas sus fuerzas. Oía jadear a la joven Zafrina. ¿Qué le ocurría? Pronto el olor de la sangre fue tan fuerte que Morpheus iba a volverse loco: sus ojos comenzaron a cambiar de color y sus colmillos sentían la necesidad de salir. El joven se hubiera abalanzado sobre la muchacha si no fuera porque la puerta se abrió de golpe.

La joven vampira se clamó. Estaba sentada en el filo de la cama con las manos soportando el peso de su rostro. Léstor permanecía apoyado en la pared cerca de la joven con la mirada triste.
-Me voy a dar una ducha.-La Dama se levantó fingiendo no llorar.
-Creía que los vampiros no necesitabais…
-Y yo…
El agua de la ducha sonó mientras el joven se sentaba donde antes reposaba La Dama. El sonido era una tortura. Parecía como si ella se estuviera alejando de él… y no sabía porque. Se levantó bruscamente y se apoyó en la puerta del cuarto de baño. Rodeó con sus dedos el picaporte dispuesto a girarlo. Su frente chocó suavemente con la puerta de madera vieja que lo separaba de su chica. Giró lentamente el picaporte y empujó la puerta. Cuál fue su sorpresa al ver a la joven vampira vestida delante de él con el agua de la ducha encendida sin nadie debajo de ella. La joven se abalanzó sobre él rápidamente fundiéndose en un beso tierno. Tal fue la sorpresa de Léstor que no le dio tiempo ni a respirar. El joven se aferró a ella dulcemente mientras se apartaban. Ambos se miraron.
-Me da igual lo que seas… Te amo.-El joven sonrió como un niño y la abrazó fuertemente mientras la besaba en sus cabellos rizados y oscuros.
Eran las once de la mañana y ya hacía un día que Morpheus y Zafrina desaparecieron. Todavía estaba el cielo oscuro. Ni un solo rayo de sol, ni un solo pájaro cantar. Precisamente éstos no despertarán hasta que la esfera de fuego se asome por el horizonte pero… empezaban a pensar que el sol ya no quería salir al amanecer. Ya con su ropa seca, Léstor se dirigió al comedor donde toda la tripulación comía. Metió sus manos en los bolsillos de la chaqueta marrón debido al frío. Sus dedos acariciaron algo así como un papel aterciopelado, suave… De su bolsillos se asomó una rosa de pétalos negros tales como el carbón pero sedosos como el terciopelo. El mismo día que se instalaron en la casa de los dos vampiros, la encontró, tan pequeña en medio de tan esbeltas y altas rosas de colores alegres… tan fría entre flores apacibles y fresquitas… tan diferente…